Dirigentes de barrios y recintos denuncian que las reuniones con la provincia y la parroquia se han vuelto un monólogo oficialista que ignora las necesidades del pueblo.
VALLE HERMOSO – La indignación crece en los sectores populares y rurales de Valle Hermoso. Lo que debería ser un ejercicio democrático de planificación se ha transformado, según los representantes vecinales, en una barrera infranqueable donde la voz del ciudadano común no tiene cabida.
Un diálogo roto
Bajo la consigna de que las autoridades "solo van a decir lo suyo", los presidentes de los barrios y recintos han alzado su voz para criticar la dinámica de las últimas mesas de trabajo. La queja es recurrente y clara: las autoridades exponen sus planes, pero cierran el foro en cuanto la comunidad intenta tomar la palabra.
"Solo escuchamos lo que ellos dicen. Cuando queremos hablar de lo que está pasando realmente en el recinto o en el barrio, la reunión se acaba mágicamente por falta de tiempo", manifiestan con molestia los dirigentes locales.
Las obras en riesgo
Para la comunidad, este aislamiento no es solo un problema de etiqueta política, sino un riesgo para el desarrollo. Argumentan que:
- La desconexión es total: Sin escuchar a los representantes, las autoridades desconocen las urgencias prioritarias de cada sector.
- El sentimiento de "ir por gusto": Muchos líderes sienten que asistir a las reuniones es una pérdida de tiempo, ya que sus propuestas nunca son integradas en las actas finales.
- Falta de acuerdos reales: Mientras no cambie la mentalidad de "imponer en lugar de consensuar", la comunidad asegura que no se podrán concretar proyectos que beneficien a todos.
Exigencia de respeto
Los habitantes de Valle Hermoso exigen que las futuras convocatorias no sean simples actos de presencia para las fotos, sino espacios donde se les permita hablar y, sobre todo, donde se les escuche. "Hagan los grupos que hagan, si no hay voluntad de escucharnos, el pueblo seguirá en el olvido", sentenciaron.








