Lo que se presentó como una solución a la crisis energética ha resultado ser un escándalo de corrupción y negligencia. El informe sobre Progen revela tácticas dignas de una película: nombres falsos, instalaciones que pertenecían a terceros y certificados de experiencia totalmente apócrifos.
Es alarmante cómo los filtros de control fallaron (o fueron omitidos deliberadamente), permitiendo que el Estado desembolsara fortunas por maquinaria obsoleta y usada. No se trata solo de ineficiencia, sino de una estructura diseñada para engañar mediante informes ficticios. La justicia ahora tiene la tarea de señalar a los responsables de este perjuicio que deja al país no solo con menos recursos, sino con la misma oscuridad energética.
FUENTE: Radio Pichincha





