La atmósfera en Ecuador se vuelve a tensar. En un movimiento que muchos sectores califican como una estrategia de "blindaje político", el gobierno de Daniel Noboa ha decretado el Estado de Excepción en varias provincias. Lo curioso —o más bien, lo evidente— es que la medida coincide milimétricamente con el anuncio de movilizaciones nacionales convocadas por la UNE (Unión Nacional de Educadores), el FUT (Frente Unitario de Trabajadores) y diversas organizaciones sociales.
Las razones del pueblo para salir a las calles no son menores:
- El golpe al bolsillo: El incremento del 15% en productos básicos que asfixia la economía familiar.
- Precarización laboral: La exigencia de derogar los acuerdos de "flexibilización" que, bajo la promesa de empleo, solo parecen vulnerar derechos adquiridos.
- Colapso de servicios: Hospitales sin medicinas básicas y un sistema educativo que languidece entre la falta de presupuesto y la inseguridad.
La Indignación vs. El "Quemeimportismo" Ideológico
Lo más alarmante de esta crisis no es solo la gestión gubernamental, sino el silencio cómplice de ciertos sectores. Existe un "quemeimportismo" palpable por parte de sectores anticorreistas extremos que, en su afán de sostener cualquier narrativa opuesta al pasado, están permitiendo que el país se vaya "de picada".
Para estos grupos, parece que el odio político pesa más que la realidad objetiva:
- Inseguridad desbordada: Mientras se discuten decretos, las calles siguen bajo el control del crimen organizado.
- Desmantelamiento social: Se acepta el deterioro de la salud y la educación pública como un "mal necesario", ignorando que el hambre y la falta de oportunidades no tienen bandera política.
- Ceguera Económica: Se aplauden medidas que empobrecen a la clase media y baja, bajo la falsa premisa de una "estabilidad" que no se refleja en la mesa de los ecuatorianos.
"Gobernar a punta de decretos de excepción para evitar el reclamo social no es signo de fortaleza, sino de una incapacidad de diálogo que está fracturando aún más a la sociedad."
Un País en Espera
Mientras las organizaciones sociales denuncian una criminalización de la protesta disfrazada de medidas de seguridad, el ciudadano de a pie queda atrapado. Entre el miedo a las balas y la angustia de no llegar a fin de mes, Ecuador observa cómo la agenda política de unos pocos ignora la urgencia de una vida digna para todos.
¿Hasta dónde llegará la tolerancia de un pueblo que ve sus derechos diluirse en nombre de una pugna ideológica que no llena estómagos ni salva vidas?








